Cuando un emprendedor crea una marca o desarrolla una invención, uno de los primeros instintos es protegerla. Pero ¿qué pasa cuando el negocio crece y empieza a mirar al exterior? La protección de la propiedad intelectual más allá de las fronteras es un tema que pocos conocen bien y que puede marcar la diferencia entre consolidar un negocio internacional o perder lo construido.

El principio de territorialidad

La propiedad intelectual funciona bajo el principio de territorialidad: una marca registrada en Argentina solo está protegida en Argentina. Si querés protegerla en Brasil, España o Estados Unidos, necesitás registrarla en cada uno de esos países por separado, o utilizar sistemas internacionales que simplifican el proceso.

El Sistema de Madrid para marcas

El Sistema de Madrid, administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), permite registrar una marca en hasta 130 países con una sola solicitud y en un solo idioma. Argentina es parte de este sistema desde 2019, lo que significa que los emprendedores argentinos pueden acceder a esta herramienta directamente desde el INPI.

El proceso implica tener primero el registro o solicitud base en el país de origen, y luego extender esa protección a los países elegidos. Los costos varían según la cantidad de países y clases de productos o servicios, pero es significativamente más económico que tramitar cada registro por separado.

El PCT para patentes de invención

Para inventos y desarrollos tecnológicos existe el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), también administrado por la OMPI. Permite presentar una única solicitud internacional que tiene efecto en más de 150 países. Esto le da al inventor tiempo (hasta 30 meses) para evaluar en qué países conviene finalmente patentar, antes de incurrir en los costos nacionales de cada uno.

¿Cuándo conviene protegerse internacionalmente?

No todo emprendimiento necesita protección internacional desde el inicio. Conviene considerarla cuando:

El rol del asesoramiento profesional

Navegar el sistema internacional de propiedad intelectual sin conocimiento puede resultar costoso. Elegir mal las clases de productos, omitir países clave o no cumplir los plazos puede dejar tu marca o invención desprotegida justo donde más lo necesitás. El asesoramiento profesional no es un gasto: es una inversión que protege todo lo demás.

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